sábado, 22 de julio de 2017

Loba


EL LIBRO DE TU LECHE: LOBA
Tercer texto de Maria Josè 

























Estoy envuelta en hojas blancas, notas, lápices pequeños, grandes, multicolor. Lápices lobezno. Sacapuntas y gomas. Envuelta de otros textos, de libros voladores. Y en medio de todas estas cosas, surge premonitoria, a lo lejos, la figura de una loba solitaria. 

Loba-tu sin ser yo, oculta en terrenos de guerra. Envuelta en comentarios, en papeles blancos y herida. Hiriente. De hambre voraz. De cabeza fiera. Instintiva. Loba-madre buscona. 

Deseosa. Cazadora. Para un casar –se convierte en lobo, en perro o, seguramente, en perra salvaje, en medio de las congeladas estepas del azul del Norte, del Sur o de cualquier otro lugar de la tierra. Del mundo. Del Cosmos, del más allá o acá, eso nunca se sabe. Tensión entre todos ellos. Loba. Muerde. Piel. Carne desaparecida en medio de un color diluido. Agua de papel escrito. 

Lobo herido o loba. Trozo arrancado en un lomo incierto. Curado. Tirita, si, de frío frente a la calidez de sus bocas abiertas. Colmena. Panal de abejas, que lanza los finiquitados desbarajustes líquidos del deseo entramado. Infinidad de triángulos que delimitan los cuadrados laboriosos que hay en ella. Huevo. Cráneo a medias. Roto. Venas o líneas que circunvalan, el transparente y glauco cerebro o las melifluas líneas de un nuevo texto, esta vez reescrito de colores. 


Errante por la tundra y otros desiertos de México o del cielo, territorios unívocos de la loba que camina armoniosa, majestuosa y con un paso oral y caliente que los funde. Penes llenos de leche andrógina, pero más loba que nunca. De vida entera. Penetrada y penetrante. Ya con dientes y colmillos agrestes. Agudos. De mieles circulares. Violentos. Celdas de panal cortadas, picudas de violencia, que hacen cuadrados cuando se cortan los triángulos de los vértices. 


Más allá. Del azul surgen uñas afiladas que redondean el cuerpo de la loba. Círculo hincapié. Aquí, vomita ya moribunda un lobezno de ojos y boca cerrados. De media vida aún sin saberlo. Y en el más allá y en el aquí o en algún en medio, hace algún tiempo que dejó la manada. Loba esteparia solicitada. 


Collar rojo en garganta herida. Afluentes de sangre. Voz o aullido que viene de lejos. De una intuición perdida en los abismos de los tiempos. Pequeños mundos en cada bola al cuello, que circunvalan su Arie(s), y la suben al espacio blanco y pintado de una acuarela, que es lo mismo que el “acua” o agua dionisiaca, diluida y secada por sendos torrentes de un tiempo. 


Loba, quizás mujer eólica. Propulsada. Sin soltar las castradas riendas de lobezno. Grilletes al cuello. Erección de ocres. Bordes en las líneas que unen texto y silencio acuífero, marcado por un viaje a los cielos. 

Esperando para escapar, te escapo sin caer en tu trampa. Infinidad de triángulos que delimitan cuadrados laboriosos en una corona de abejas. Ojos. Yo loba coronada. Tú reina caída y avispa en medio de dos crepúsculos. De vida casi entera. Hacia arriba, pelo en llamas. Espacio en blanco dividido. Dos o más, qué más da. 


María José Palma Borrego Mayo 2017





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