Lo
que tú dices y no sabes, o quizás sí.
“Una rosa es una rosa es una rosa” (GS), pero
no todas (h)en(zen)didas o heridas. La danza de la espada. Roro o no. Peonias
para ti.
¿Qué siento? ¿De qué hablo?
Tú te derramas con flores por los cuatro
labios de papel que recorren el cuerpo blanco primigenio del lienzo tuyo. Ellas
beben de la erotización del trazo de tu mano con la brocha acuífera.
Dislocación de órganos y lugares. Lengua flor al lado del corazón. Cortex.
La visión es.
Dunas desérticas o visitadas de izquierda a
derecha y de Norte a Sur. Bocas. En bocas cerradas no entran moscas ni
pinceles. O abiertas que entre todo o entre todos lo que extraña la acuarela.
Damelamela.
Memoria da pele. La mía. Excitación del
cuerpo tuyo convertido, en un solo instante de orquídea, en dunas de un
desierto de carne y de arena eólica, en donde el contacto súbito de los mundos,
se convierte, en un momento vertical, en ocres y verdes. Y más allá en el
horizontal, otras direcciones existen frente a nuestros ojos.
Saltos degradados de rojos-rosas pululan por
los labios. Una ínfima apertura de un sutil blanquecino, deja entrever el
minúsculo velo, en donde se puede inscribir un no se sabe qué, infinitamente
repleto de danzantes flores nocturnas. Luego la hendid(ur)a de la herida. Y al
fin, una peonia y la piel se sobrepone.
María
José palma Borrego
Julio
2017
