viernes, 21 de julio de 2017

Lo que tú dices y no sabes, o quizás sí.


Lo que tú dices y no sabes, o quizás sí.




“Una rosa es una rosa es una rosa” (GS), pero no todas (h)en(zen)didas o heridas. La danza de la espada. Roro o no. Peonias para ti.

¿Qué siento? ¿De qué hablo?

Tú te derramas con flores por los cuatro labios de papel que recorren el cuerpo blanco primigenio del lienzo tuyo. Ellas beben de la erotización del trazo de tu mano con la brocha acuífera. Dislocación de órganos y lugares. Lengua flor al lado del corazón. Cortex.

La visión es.

Dunas desérticas o visitadas de izquierda a derecha y de Norte a Sur. Bocas. En bocas cerradas no entran moscas ni pinceles. O abiertas que entre todo o entre todos lo que extraña la acuarela. Damelamela.

Memoria da pele. La mía. Excitación del cuerpo tuyo convertido, en un solo instante de orquídea, en dunas de un desierto de carne y de arena eólica, en donde el contacto súbito de los mundos, se convierte, en un momento vertical, en ocres y verdes. Y más allá en el horizontal, otras direcciones existen frente a nuestros ojos.

Saltos degradados de rojos-rosas pululan por los labios. Una ínfima apertura de un sutil blanquecino, deja entrever el minúsculo velo, en donde se puede inscribir un no se sabe qué, infinitamente repleto de danzantes flores nocturnas. Luego la hendid(ur)a de la herida. Y al fin, una peonia y la piel se sobrepone.

María José palma Borrego

Julio 2017