1. Relato de un encuentro. Primer Articulo de Maria Josè
Toda producción es al mismo tiempo destrucción"
Hannah Arendt.
Relato de un encuentro.
El
encuentro con la pintura de Alejandra Alarcón ha sido totalmente
fortuito. Buscaba un texto pictórico del que escribir una ponencia para
el congreso titulado “Memoria encarnada. Emociones, cuerpos y
migraciones en la producción hispánica del siglo XXI” que, organizado
por la Universidad de Barcelona, “Bellaterra”, tendría lugar en
Cracovia (Polonia) en 2017, y buscando, buscando en ese dios laico que
es internet, me encontré, como si se tratara de un suceso derridiano,
con las acuarelas de Alejandra Alarcón. Sucedió el impacto si, la
sorpresa y la gratificación visual por los colores, por los movimientos
de los cuerpos representados en sus acuarelas en primer lugar, para
convertirse luego en interés y posteriormente, ser reflexión y escritura
de estas páginas.
Elementos biográficos.
Alejandra
Alarcón nace en Cochabamba (Bolivia) el 4 de julio de 1976. Es
licenciada en sociología. Posteriormente viaja a México en donde
obtiene la licenciatura de Artes Plásticas en el Instituto Nacional de
Bellas Artes. Actualmente trabaja en los dos países, una dualidad o
ambivalencia, que no es sólo cultural, sino que se ve también reflejada
en el contenido que traslada a sus acuarelas.
La deconstrucción del imaginario infantil y el paso de la sexualidad polimorfa a la sexualidad adulta.
La
obra pictórica de Alejandra Alarcón muestra un universo de movimientos
del cuerpo femenino y de metáforas animalisticas, en los que se desvela
el descubrimiento de la propia sexualidad. El trazo de su obra
acuarelística es fundamental y se ajusta a un imaginario compuesto por
percepciones infantiles, que se irá deconstruyendo a lo largo de su
elaboración pictórica. Con él se desarrolla un ejercicio psicográfico,
es decir, una escritura gestual entendida como acontecimiento. El dibujo
le sirve como estímulo para la imaginación, favoreciendo así el juego
de representaciones del descubrimiento de la sexualidad femenina y del
placer.
En
efecto, el resultado de dicha elaboración, deja signos, trazos, y
posteriormente colores, que configuran los límites fluidos de su espacio
psíquico, pulsional. Así lo vemos claramente en el empleo frecuente y
fundamental del color rojo, que sitúa a Alejandra Alarcón como “sujeto
femenino” deseante. Dicho espacio, o por decirlo de otra manera, su
imaginario, está constituido por vivencias narrativas infantiles
provenientes de la voz materna y/o maternante, que recoge narraciones
colectivas intergeneracionales que dejan su impronta en el sujeto como
huellas mnémicas, que se reactivan en el proceso sublimatorio, que es
en definitiva, el acto de (pro)crear.
El
resultado de este proceso sublimatorio, que se traduce en color,
textura y pintura, es la formulación de un relato doble: por una parte,
se trata de un intento de deconstrucción del imaginario infantil que es
expresado en los cuentos infantiles, en donde la sexualidad masculina es
vivida como amenazante y por ello, el mandato de la madre a Caperucita
Roja: “no hablar con desconocidos”.
En
Alejandra Alarcón, el lobo que aterroriza a Caperucita ya no es un
“lobo” como tal, sino que se produce en la joven una metamorfosis que
trasgrede el mandato materno. Y con la cara del “lobo” cortada y
ensangrentada sobre su cabeza, y con sus uñas convertidas en garras,
elemento fálico por excelencia, se identifica completamente con la
sexualidad agresiva del “lobo-hombre”, y en donde la sexualidad femenina
aparece ocultada y como semblante. ¿Metamorfosis o ambivalencia? En
todo caso, movimiento de la pulsión que irrumpe hacia un afuera, rompe
la dicotomía “humanidad”/”animalidad” en favor de esta última, y se
expresa como un deseo sin trabas, a través de la metáfora pictural de
joven lobo-mimetizado, cuyo espacio como el “bosque”, es la escritura
de una naturaleza salvaje, primigenia, a-cultural, anterior al
lenguaje como la sexualidad polimorfa del bebé, sea varón o hembra.
Un
paso más allá o más acá, la dirección nunca está prefigurada, en su
proceso de irrupción en la sexualidad adulta, la joven aparece de nuevo
como semblante, con una identidad “falsa”, sin identidad, o por decirlo
de otra forma, con una “identidad a medias”. En efecto, la Caperucita
Roja que aparece en el lienzo ya no es la delimaginario infantil, sino
que está a medias deconstruida, caperucita sin media cara. Su único ojo,
quizás el que todo lo ve, es destruido por una nube roja repleta de
pequeñas caperucitas que dejan paso a la sexualidad adulta con la
aparición de la caperucita embarazada. ¿De quién? ¿Del lobo inseminador?
Seguramente si o no, aunque el enigma quede aquí, en cómo se expresa el
de la sexualidad y el deseo femenino, que desde la intelectualización y
desde el discurso psicoanalítico, se puede sintetizar en la pregunta
formulada por Lacan ¿Qué desea la mujer?
El
paso de la sexualidad infantil a la adulta, se traduce en el hecho
pictural, en las distintas intensidades del trazo, en la deriva aérea de
los cuerpos, en sus curvas, en la vibración y disposición de los
colores y en el empleo y cambio de color: del rojo pulsional, que
enfatiza el trazo en un ejercicio de intensidad y condensación, al
negrovacío, color de las interioridades de la gruta, del sexo ciclope de
las mujeres. Todo ello representa el tumulto del cuerpo, en donde la
agitación interna está presente en las contaminaciones entre el interior
y el exterior, entre las figuras y el espacio que éstas habitan,
haciéndose unos y otros indistinguibles, diluidos. Este espacio se
presenta también como representación de la madre bicéfala: caperucita,
la buena y la reina, la malvada, que salen de un mismo cuerpo, tronco a
dos que finaliza con la total deconstrucción identitaria de la hija, que
finalmente separándose de la figura invasora y celosa de la
madre-reina, atraviesa el espejo.
El
espejo, que es también el de la madrastra de Blanca Nieves, se rompe
igualmente en el color, en donde la gama de negro y de grises perfila
todo el encuadre, dejando ver exclusivamente el rojo del pelo como
elemento de la sexualidad desbordante de la hija, rival de la sexualidad
materna. La reinterpretación del cuento que hace Alejandra Alarcón
parte de la noción de lo horrible sexual masculino que da a la
pigmentación un valor de densidad.
Por
otra parte, el digamos segundo elemento de la narración, es la
construcción de un discurso propio en donde se manifiesta el intento de
supervivencia de un “sujeto femenino” de deseo, separado y que ahuyenta
sus propios fantasmas. A pesar de esta separación que construye, una
natalidad cuya memorabilidad originaria, amniótica, se actualiza en
diferentes etapas: el lienzo en blanco, elemento iniciático del trazo,
algunas veces imperceptible para el ojo no avizor, sobre el cual
Alejandra Alarcón superpone colores -inscripción de la pulsión y del
deseo- que desvela la presencia del artista en el acto creativo.
Un
trazo, en efecto, en donde la solidez de la pintura se diluye en agua,
elemento femenino-materno-originario. La acuarela técnica escogida por
Alarcón. Junto a esta disolución materno-acuática en el pincel
primeramente y luego en el trazo que impregna el lienzo, tenemos el
pincel propiamente dicho, los pinceles, elemento fálico aunque
impregnado de humedad, un pincel feminizado, que inscribe y escribe, en
el acto pictórico, la diferencia sexual a partir de una constante
ambivalencia. De una “mouvance” entre el interior del sujeto y un
exterior histórico, sociológico y de género, que destruye la unidad
identitaria que significa la relación simbiótica, fusional, entre la
madre y la hija. Teta cósmica y bebé pintados de blanco y de azules
degradados: celeste y azul lapislázuli, metaforización colorista del
origen, del nacimiento y del Poder.
En
este sentido, en cada una de las acuarelas de Alejandra Alarcón, existe
una capacidad humana que por su propia naturaleza es comunicativa y
abierta al mundo, y por ello trasciende y libera a éste, ya sea en su
lucha por una o unas representaciones diferentes de ese imaginario
infantil dado por la Cultura desde posiciones feministas que cuestionan
las identidades impuestas, o por la inscripción de un deseo-Otro de “lo
femenino”. Esto implica también una representación-otra de la
subjetividad de un “sujeto femenino” en la Cultura, que nos señala la
intensidad del deseo que estaba prisionero en el “y/o”.
La madre bicéfala.
De
la constante ambivalencia en relación del sujeto pictórico con la
figura materna, surge como Jano, la madre bicéfala, representada en las
acuarelas sobre este tema, por una parte, como carente de identidad y
por otra, con la introducción del color, identificada con lo burlesco
del collar y de los zapatos de tacones, representaciones fetichistas de
un cierto estatus social. En este sentido, podemos decir que en esta
serie de
acuarelas, el cuerpo de la mujer, todo él, tiene una función
metonímica, es decir, el cuerpo de la mujer es reducido a un órgano: el
seno nutricial.
A
causa de la falta de identidad o quizás por ello, Alejandra Alarcón no
nos habla de una maternidad concreta, la suya o la que está íntimamente
ligada a su biografía, sino que nos representa a LA MADRE de una
maternidad universal, poderosa, aérea y dadora de vida, que podríamos
situarla, para seguir con la metáfora escogida por mí para simbolizar
esta doblez, en una de las caras de Jano: la de la “buena madre”, la que
la hija desea para luego separarse de ella y así poder construirse como
sujeto deseante. Venus de Willendorf, Pacha Mama o la Diosa de las
serpientes, tres ejemplos de una multitud infinita de representaciones
históricas de la buena madre o madre nutriente, de la que El libro de la
leche, es la actualización pictórica que lleva a cabo Alejandra Alarcón
de esta maternidad universal y ancestral. Memoria arcaica que recorre
nuestras vidas y que sólo el límite radical, lo Real que significa un
“ya no”, la muerte física y no simbólica, hace desaparecer.
Inseparablemente
ligada a la madre universal y ancestral, junto a ella o siendo ella
misma, la hybris materna, “la mala madre”, la dadora de muerte,
portadora de “un tener”, pero no de “un dar”. Atrapada y por ello
atrapante, araña, que en y con sus redes de leche fosiliza los deseos de
la hija que quiere (sobre)vivir, que es lo mismo que vivir por encima
de ella, fuera de su abrazo, sea del oso o no, estableciéndose así, el
espacio necesario para que se desarrolle la vida del nuevo ser como
forma de vehicular las pulsiones, y los deseos de éste que se
trasladarán como fuerza inconsciente en colores rojos, verdes y azules.
Colores empleados de forma constante en sus acuarelas. Esta otra cara de
Jano, la de “la mala madre”, tiene nuestra vida, pero puede no darla.
Del cuerpo metonímico de la madre surgen pezones erectos, única
representación fálica, que rompe la redondez femenina, como si el deseo
que vehicula el trazo en el lienzo, su color ocre rojizo, quisiera
eliminar su poder telúrico.
Esta
“mala madre” que no abraza, que no protege, sin (a)brazos en las
acuarelas de Alejandra Alarcón es y está junto a la “buena madre”. Estas
dos figuras que son una misma, sabotea la lógica cristiana que hace que
cualquier historia de la sexualidad de las mujeres esté centrada en el
hecho de la maternidad, y nos reafirma en el hecho de que la historia
de la infancia o de la sexualidad infantil puede ser un preludio de la
muerte o de la desaparición, quizás por el simple hecho de un nacimiento
por cesárea o por el cosido que ya aparece en el conejo feminizado de
Alicia. Inscripción también doble, pero huella mortífera que escribe la
diferencia sexual en el cuerpo de una mujer. En el cuerpo abierto a
causa de la maternidad.
El fantástico mundo del erotismo infantil.
Hemos
hablado en estas páginas sobre el proyecto de deconstrucción del
imaginario infantil establecido por los cuentos, especialmente
Caperucita Roja, Blanca Nieves y el personaje del conejo de Alicia en el
país de las Maravillas, que lleva a cabo A. Alarcón en sus acuarelas.
Pues bien, insistiendo sobre la idea que hemos señalado anteriormente
del proceso de la construcción de la sexualidad, la pregenitalidad
metaforizada en la figura del conejo, ocupa un espacio fundamental en
esta etapa de construcción de la diferencia sexual, está ligada también
ligada al concepto de “tiempo”, significante con valor polisémico al
igual que “conejo”, personaje de la novela Alicia en el país de las
maravillas de Carol. Un “tiempo”, en efecto que se escapa rápidamente y
que contrasta con la perdurabilidad de la pintura diluida de Alejandra
Alarcón en el trazo. Lo que dice el “conejo”: “Me voy, me voy, se me ha
hecho tarde” puede ser interpretado también como la expresión de una
sexualidad infantil táctil, exploratoria, que lleva al sujeto a la “mort
subite”, y en donde la ruptura del espejo, introduce al sujeto en la
genitalidad, tenga ésta como objeto la maternidad o no. Pero ¿A dónde va
Beni Bam? ¿Al país de la “mort subite” o a la adultez del sujeto
pictórico en donde el deseo vuelve a funcionar en su recorrido por el
sexo? Lo dejo ahí, como enigma de un camino, que es también el enigma
del deseo y su relación con el objeto deseado.
Conejo
blanco, que vive o muere en la gruta negra-gris o gris-negra de la
sexualidad femenina, vulva, vagina, en todo caso, todo
cuerpo-hembra-mujer, corazón dentado, agresividad, boca, las dos bocas
de la mujer, devoradoras por momentos, son la expresión de una
sexualidad caníbal, que destruye cualquier identidad o, por lo menos, la
que sólo es representada por el agua. Sin cabeza o con la cabeza
sumergida en la gruta gris-negra, y en donde la deconstrucción del
cuerpo impone una metonimia, sólo es ojo, que no sabe hacia dónde mira
puesto que el objeto de la mirada, no tiene representación, o en todo
caso, está fuera de la representación pictórica. Una vez más, frontera
del enigma de la sexualidad femenina enfatizada por la gestualidad del
trazo en las acuarelas de Alejandra Alarcón.
María José Palma Borrego
Escritora y Psicoanalista.
Madrid, Enero 2017.
María José Palma Borrego, Doctora en Filología Francesa Especialidad: Literatura Femenina y Psicoanálisis. Formación psicoanalítica y filosófica con Julia Kristeva, Luce Irigaray, Jorge Alemán, Jacques Derrida, Hélène Cixous y Eugenio Trias. Destacan entre sus publicaciones: Contra la igualdad, Historia del Movimiento de Liberación de las mujeres en Francia Ed. Univesridad de Cadiz, 2013, Crítica feminista al Psicoanálisis y a la filosofía. Ed: Universidad de Cádiz, Dic 2000, Le livre des Apparitions, Ed.L´Harmattan Sep. 2011, La psychiatrie fasciste espagnole. La logique d´un discours d´extermination. Deux cas cliniques Ed.Universitaries Europeénnes 2016, entre otros. Actualmente es presidenta de la Asociación para la Investigación de los Conflictos Contemporáneos.
María José Palma Borrego, Doctora en Filología Francesa Especialidad: Literatura Femenina y Psicoanálisis. Formación psicoanalítica y filosófica con Julia Kristeva, Luce Irigaray, Jorge Alemán, Jacques Derrida, Hélène Cixous y Eugenio Trias. Destacan entre sus publicaciones: Contra la igualdad, Historia del Movimiento de Liberación de las mujeres en Francia Ed. Univesridad de Cadiz, 2013, Crítica feminista al Psicoanálisis y a la filosofía. Ed: Universidad de Cádiz, Dic 2000, Le livre des Apparitions, Ed.L´Harmattan Sep. 2011, La psychiatrie fasciste espagnole. La logique d´un discours d´extermination. Deux cas cliniques Ed.Universitaries Europeénnes 2016, entre otros. Actualmente es presidenta de la Asociación para la Investigación de los Conflictos Contemporáneos.










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