miércoles, 3 de enero de 2018

El Libro de la Sangre Perséfone





“El porvenir es tan irrevocable/ como el rígido ayer. No hay una cosa/ que no sea una letra silenciosa/ de la eterna escritura indescifrable/ cuyo libro es el tiempo.” José Luis Borges.
I
¿Cómo podría yo contemplar ahora la muerte que ocupa el fondo blanco de un posible cielo de papel, sin el menor interés y generosidad, sin sentimiento de duelo?
Sólo desde el necesario fluir del cambio, en el desconsolador espacio de papel blanco que enmarca la hoja, recinto delimitado por cuatro mares, el pincel con colores aguados, traslada la vida y la muerte, arriba y debajo, a la frontera que rompe la sutilidad del trazo.
            Las dos están marcadas y no dependen de un cielo, sino de líneas aquaticas-curvas, que dan forma a huesos amarillentos por la vejez o la juventud del esqueleto lobuno. Éste mira con los ojos vacíos, a ese cielo del que no depende. Muerte al cielo con la boca abierta, triangular edípica como Perséfone, con la que se expresa queja y deseo, y abre el camino tórrido de una garganta larga, en donde cada hueso deja vislumbrar otra forma a la esperada anatomía. La anatomía de la melancolía que da el pincel, con la fuerza de una mano que se desliza por el papel como la última acaricia en el lazo amoroso. Tensión cansada que se relaja a fuerza de sobreponerse y ponerse. Per se.
            Llegando a la espina dorsal, a uno y a otro lado, rastas delgadas de hueso con espacios aéreos y sólidos entre ellas. Cavidad de aire que no a la vida, si no es por el color rojo líquido y rojo de las patas delanteras y traseras. Estas últimas ultimas pegadas a un rabo flácido. Por el momento, es imposible abolir la distancia repentina entre cuerpo, página, agua y pincel.

II
            Tú, Persé(phone) airada, triste. La muerte aulla. Pleno de fuerza en el móvil movimiento del cielo de abajo. Fuego o juego que empieza, toma cuerpo y ronda allí, en los puntos de fuga, que rompen la línea que tocas y te soporta toda tú, menos en la entrada de una vulva escindida. Frontera rota entre el blanco que enlaza con el cuerpo y el verde escondido del otro lado de la vida, que no es la muerte, sino el más allá. Otra mano, quizás, pinte imaginariamente la falta. El deseo. Codo y mano. Borde izquierdo de ésta y codo advenedizo, que no es el suyo, sino el tuyo en las tonalidades verdosas de un verde boliviano sostenido en la otra mano. Selva-sexo de granos rojos a los que no se les ha pasado el arroz. Globo lleno de pólvora con espoleta. Granada en mano sin sexo. Oculto. Ni tan siquiera palabras hábiles rompen la quietud curvada. La muerte no es fértil más que con ella misma.
            Pulsión. ¿De quién es el azul de los ojos tristes? ¿La trenza de pelo que desde el este vuela horizontal hacia su extremo límite, como un fantasma en su laberinto? Melancolía de una carcasa, que mira lo que oculta con un trazo blando de signo interior y en situación de correspondencia con la punta del calcetín-cara-de-serpiente. Segunda piel con trazo débil en transición con la carne, que se muestra inquieta. Más allá, pinceles de trazo blanco de muerte activa, violenta. Perséfone de los infiernos.

María José Palma Borrego
Madrid, Diciembre de 2017

sábado, 22 de julio de 2017

Introducciòn



En estos 15 años de creación plástica y visual, la acuarela es y ha sido mi principal  medio de expresión. Por su naturaleza fluida, mojada, orgánica,  es como estar en un constante estado de cambio en el que los límites no están definidos; el agua y el pigmento van construyendo un devenir de estados e identidades.

Esta idea de fluidez técnica también se expresa en los temas que abordo; mi obra gira en torno a la identidad femenina, el terreno limítrofe en el que la identidad es una constante negociación con el otro, en el que  existir no es algo dado e inamovible sino, más bien, cambiante. Mi obra está impregnada de zonas indefinidas entre sujetos, géneros, transgéneros, situaciones, roles, arquetipos.

La identidad es algo que se va construyendo momento a momento, el poder saber quienes somos es algo que se derrama de las manos a cada instante. Mi obra trata de dar respuesta a este constante fluir en el que trato de entender que soy, qué hago aquí y cómo me relaciono con el Otro.

Hace tres años tuve un bebé, nunca antes había sentido tan fuerte esta conección animal con el cuerpo, esta pérdida de límites  en la que es difícil encontrar donde empezamos y donde acabamos; específicamente el embarazo y la lactancia. Es a partir de esta experiencia que cobró sentido en mi producción visual  trabajar a partir del   fluido corporal como hilo conductor temático, dividiendo estos acercamientos en tres: la leche, la sangre y las lágrimas. Elegí a estos  por su relación o connotación con lo femenino, la leche con la maternidad, la sangre con la menstruación, y las lágrimas con una asociación cultural a lo femenino.

En la primera parte del libro que llamé "El libro de mi Leche¨trabajé a nivel visual  sobre este primer proceso de desintegración y re configuración identitaria, el cual viví los primeros tres años después de la cesárea.
Puedo identificar tres momentos o etapas, la primera que llamé LECHE-unión, que tiene que ver  con el estado de disolución materno acuática.  La segunda ALICIA Y SU ABISMO, que aborda la búsqueda de una nueva forma o identidad femenina, a partir de la separación madre-hijo. Y la tercera, DOS REINAS, que describe el nacimiento  de las dos mujeres que  conviven en la misma vida.



En la segunda parte del libro que llamè "El libro de tu Leche", invite a la escritora y psicoanalista Marìa Josè Palma Borrego a  escribir desde su subjetividad a partir de las acuarelas. 
 Ella realizò cuatro textos:
1. Relato de un encuentro
2. El libro de tu leche, heridas
3. El libro de tu leche, loba
4.Lo que tú dices y no sabes, o quizás sí


En el libro se puede apreciar el juego fenomenologico entre la subjetividades. Por un lado la producciòn de las imagenes a partir de una instropecciòn auotbiográfica que retoma elementos vivenciales para convertirlos en arquetipos y   por otro la interpretación, tambien subjetiva, de las imagenes y la recreaciòn en escritura. 




EL LIBRO DE MI LECHE

LECHE UNION


Nos habla de este estado fluido, de disolución materno acuática: Madre e hijo, comparten un cuerpo o fluido, fuera del cuerpo de la madre, expresado en la leche.  En esta primera parte, los días y las noches pasan en dar  leche cada 3 horas por una hora. Existes en función al otro, eres el otro, eres leche, sueño, boca, pezones, oxitocina, leche. Es como si al nacer el bebé, una entrara en una otra realidad acuática en la que todo está unido,  como si una se gestara a una misma, pierdes contacto con el exterior, estás dentro de un círculo amoroso-nutricio simbiótico con el bebé.

La leche es una red de amor nutricio que también puede sentirse como una red o  telaraña, tanto para el hijo como para la madre.  Esta red impide que desarrollen su individualidad. 





















































ALICIA, indefinición

ALICIA, indefinición

La separación: la madre y el hijo ya no son un cuerpo o estado simbiótico acuático; cuando ella, corta la red nutricia de leche, ella y el hijo se separan. Cortar la red, es un acto de amor-sacrificio que  libera a ambos. 

En esta serie trabajé a partir del motivo iconográfico de Alicia. Escogí a  este personaje por la similitud en las experiencias, en ambos casos el tamaño de su cuerpo y la realidad parecen no coincidir, ambas buscan entender las nuevas reglas del mundo que habitan, o la forma de existir en él.
La constante búsqueda de Alicia en el espejo, es similar a la etapa post parto, en la que la madre una aún no sabe si volverá a ser la de antes y tampoco sabe quien es ahora.

El bebé como conejo,  que sale del lugar donde antes estaba el corazón de la madre., la herida de la cesárea  en el pecho aún abierta,  hablan de esta nueva realidad en la que ella ahora tiene que aprender a vivir con el corazón fuera.